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Cuentos

Estación Fray Luis González

Gonzalo Salvatierra

En "Estación Fray Luis González" los muertos nunca terminan de irse.
Hay una invasión de hormigas imposibles de exterminar. Un santo sin rostro y una habitación cerrada durante años. Y también viejas leyendas que atraviesan generaciones y casas que conservan secretos que nadie más parece recordar.
En este territorio del conurbano, lo sobrenatural no irrumpe en la vida cotidiana: vive dentro de ella. Viaja en colectivo, toma mate, escucha cumbia, trabaja doce horas, discute por plata, ama, odia y espera el tren.
Gonzalo Salvatierra construye un mundo en el que el horror popular, el humor negro y la memoria familiar se mezclan con la violencia de la Historia y del presente. Cada relato abre una puerta distinta, pero detrás de todas parece extenderse el mismo laberinto.
Porque en Fray Luis González" el pasado permanece bajo la casa, en los cuerpos y en el fuego.
Así escribe:

Hormiga
Las manos callosas de Alberto empujaban el portón de su casa. Después de haber pasado dieciocho años en el frigorífico Olimpo, los dedos crujían como el hielo cada vez que se movían y las yemas ya no podían sentir como antes. Le dolían los huesos y los días de calor eran un alivio para el cuerpo. El frío quemaba demasiado en las manos; solamente esperaba haberse jubilado antes que todo quedara rígido. La muerte y el frío que lo rodeaban habían hecho que sus manos sintieran y mirasen desde el hielo; tal vez, por eso, odiaba a los insectos o a aquellas cosas que no estaban estáticas. Su abuelo más de una vez le había dicho que, como la guerra, el frío vuelve duros a los hombres. Apenas cruzó la puerta de su casa, notó que una hormiga marrón exploraba el piso en busca de alimento. Temía que la invasión llegara pronto porque, como es sabido, las hormigas invaden motivadas por el hambre y el bien común de su colonia. Tomó un palo que guardaba al lado de la puerta ante posibles intrusos y sin respirar azotó con fuerza el diminuto cuerpo. Con satisfacción, Alberto levantó el palo, sabiendo que había evitado un mal mayor para su casa; una sola significaba la posible invasión de muchas más. La hormiga se movía muy poco, panza arriba y con las patas retraídas queriendo tocarse entre sí como si las manos de tres monjes rezaran al cielo. Miraba con los ojos negros que todavía hablaban y parecían pedir la continuidad de su vida o la clemencia por un pronto final. Alberto no sabía si las hormigas sentían dolor y hasta ese momento no le había importado. Al otro día, en el frigorífico, fruncía el ceño preocupado. Esa noche había soñado que una plaga de hormigas se metía en su cama mientras dormía. El cosquilleo natural que le dejaba el frío esta vez era extraño, no era el mismo dolor de siempre. Sentía que las hormigas estaban en su cuerpo, cientos de ellas caminando entre los pelos de sus piernas y brazos, en su ropa interior y sobre su cuero cabelludo.

GONZALO SALVATIERRA nacio en 1988. vive en Lomas de Zamora, donde ensera Literatura en escuelas de educacion piblica. "Estacion ray Luis Gonzalez"es su primer libro.
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